Amplísimos y, en apariencia, impenetrables bosques separaban las colonias rivales de Francia e Inglaterra en la América septentrional. El europeo civilizado y el colono endurecido por el trabajo, pasaban a veces meses enteros luchando contra los torrentes, al tiempo que se abrían paso por las gargantas de las montañas. Los hechos que se relatan en El último mohicano ocurrieron en el tercer año de la última guerra que franceses e ingleses libraron por un país que no estaba destinado a pertenecer ni a unos ni a otros. Ninguna tierra como la que se extiende desde el nacimiento del Hudson y lagos adyacentes ha sido disputada con una guerra más cruenta y más salvaje.
Enrique Rodríguez Livres
